miércoles, 25 de diciembre de 2013

Yusef Lateef (1920-2013)

En un fin de año difícil para el mundo del jazz, a la reciente muerte del guitarrista Jim Hall se suma la del multinstrumentista Yusef Lateef, ocurrida el lunes pasado. Según la bajada de la nota publicada en Ñ digital (que, pese a sus numerosos errores conceptuales, se reproduce abajo), “Fue un gran saxofonista y flautista, y uno de los precursores en incorporar la world music al jazz tradicional. Había nacido como William Emanuel Huddleston, pero en los cuarenta se rebautizó musulmán. Tenía 93 años”. A continuación de la nota se ofrece una brevísima lista de grabaciones realizadas por Lateef.

Murió Yusef Lateef, leyenda del jazz

El laureado músico y compositor Yusef Lateef, uno de los primeros en incorporar world music al jazz tradicional, murió el lunes a los 93 años en su casa de Shutesbury, en el oeste de Massachusetts, Estados Unidos.

Lateef, un saxofonista tenor conocido por su técnica, también fue un destacado flautista. Fue solista de jazz en el oboe y tocó el bajón. Incorporó a su música distintos tipos de flauta y otros instrumentos de viento de variados países y se le acredita por haber tocado world music antes de que este género recibiera oficialmente ese nombre.

''Creo que todos los humanos tienen conocimiento'', dijo en una entrevista en 2009 para la National Endowment for the Arts. ''Cada cultura tiene alguna información. Por eso estudié con Sachdev, un flautista indio. Por eso estudié la música de Stockhausen. La música de los pigmeos de la selva tropical es una música muy rica. Así que la información está ahí. Y también creo que uno debe buscarla desde que nace hasta que muere. Con ese tipo de curiosidad, uno descubre cosas que antes eran desconocidas''.

Como compositor, Lateef creó piezas para solistas, bandas y coros. Sus trabajos más largos han sido tocados por orquestas sinfónicas en Estados Unidos y Alemania. En 1987 ganó un premio Grammy por su grabación de new age Yusef Lateef's Little Symphony, en la que tocó todos los instrumentos.

En el 2010 fue nombrado Maestro de Jazz de la NEA, el máximo honor para un jazzista en Estados Unidos.

Lateef tuvo seguidores alrededor del mundo. Visitó extensamente Estados Unidos y Japón, así como países de Europa y África. Su última gira fue durante el invierno (argentino) de este año.

Creó su propia teoría musical, llamada ''Autophysiopsychic Music'', que describió en la entrevista con la NEA como ''música del yo físico, mental y espiritual, y también del corazón''.

Nacido con el nombre de William Emanuel Huddleston en Chattanooga, Tennessee, en 1920, Lateef se mudó cinco años después con su familia a Detroit, donde conoció a muchos músicos que eran parte de la activa escena musical. A los 18 años ya estaba de gira a nivel profesional con bandas de swing dirigidas por Lucky Millinder, Roy Eldridge, Hot Lips Page y Ernie Fields.

En 1949 fue invitado a tocar con la Orquesta de Dizzy Gillespie, que tocaba be-bop. Asumió el nombre de Yusef Lateef tras hacerse miembro de la Comunidad Musulmana Ahmadiyya, y realizó dos veces el peregrinaje a la Meca.

Fue un elemento omnipresente en la escena del jazz de Detroit durante la década de 1950, dirigiendo su propio quinteto. En 1960 se mudó a Nueva York y se unió a la banda de Charles Mingus. Lateef llegó a tocar con algunos de los más grandes talentos del jazz, incluidos Cannonball Adderley, Donald Byrd y Miles Davis.

Comenzó a grabar bajo su propio nombre en 1956 para Savoy Records, y realizó más de 100 grabaciones como líder en los sellos Prestige, Impulse, Atlantic y el suyo propio, YAL Records, que formó en 1992. De sus primeras grabaciones se destacan canciones como ''Love Theme from Spartacus'' y ''Morning''.

En los 80, enseñó en una universidad en Nigeria, donde hizo una investigación sobre la flauta Fulani.

Con su sello lanzó una extensa suite, “The World at Peace”, que compuso junto con el percusionista Adam Rudolph. También escribió un trabajo de cuatro movimientos para quinteto y orquesta, ''The African American Epic Suite'', comisionado e interpretado por la Orquesta WDR en Alemania en 1993.

Le sobreviven su esposa, Ayesha Lateef, su hijo Yusef Lateef, una nieta y varios bisnietos.





Discografía sumaria:






1957: Stable Mates (Savoy).
1957: Morning (Savoy).
1957: Jazz Moods (Savoy)
1957: Jazz and the Sounds of Nature (Savoy).
1959: Cry!/Tender (New Jazz/OJC).
1960: The Three Faces of Yusef Lateef (Riverside/OJC).
1961: Eastern Sounds (Prestige/OJC).
1961: Into Something (Prestige/OJC).
1964: Live at Pep's (Impulse!).
1964: The Live Session (ABC/Impulse).
1966: The Golden Flute (Impulse!)
1975: Ten Years Hence (Atlantic).
1976: The Doctor Is In & Out (Atlantic).
1992: Plays Ballads (YAL).
1993: Tenors Featuring Rene McLean (YAL).
1994: Tenors of Yusef Lateef & Ricky Ford (YAL).
1997: The World at Peace [live] (Meta).

lunes, 23 de diciembre de 2013

A esta altura del partido, está claro, uno puede esperar todo tipo de reflexión de Jonio González (foto). De hecho, desde que descubrió el facebook, hay rumores de que su cerebro trabaja a una mayor velocidad que antes, lo que muchos festejamos. Ésta es una de esas acaloradas reflexiones de las que hablábamos .

Esas niponas...





Primero puse (hacía casi un año de la última vez) Musical Moments, uno de los discos más recientes de Junko Onishi, una pianista que siempre me ha gustado mucho, y recuerdo sus primeros discos y el modo en que poco a poco fue ocupando un terreno mercurial próximo al de Aki Takase: esos acordes en bloque, ese sonido percusivo, agresivo casi, esa huida del lirismo al uso, o eso lirismo ríspido, casi violento. Y pienso también en Toshiko Akiyoshi, quien ni siquiera en sus discos más cool (el exquisito Finesse, por ejemplo) abandona su causticidad, su energía, su exploración del contraste.


Es curioso, porque cuando alguna pianista japonesa de jazz quiere ponerse poética, te sale una Chihiro Yamanaka, casi plana de tan tersa. Y entonces pongo de nuevo el último de Eri Yamamoto (Firefly, que reseñé en su día para Cuadernos de Jazz) y constato que ésta parece haber encontrado la forma de, sin apartarse de esa suerte de tradición pianística cuyo esbozo acabo de arriesgar, sonar lírica y evocadora sin perder cuerpo ni sustancia, aunque lejos todavía del temperamento de Onishi, Takase o Akiyoshi. Si bien no oculta ciertas inclinaciones jarretianas (los ostinatos, los vaivenes melódicos, la introducción del elemento folklórico, presente también en Akiyoshi pero desde una lectura diferente, más ortodoxa, de la tradición...), sabe aunar la herencia mainstream (con ecos de Corea, Evans y, más lejanos, Powell) a través de melodías sencillas que van ganando en complejidad y potencia con el desarrollo del tema, con el relato free, incluso, de Cecil Taylor a William Parker (con quien ha colaborado), un relato, por otra parte, controlado al milímetro. Por cierto, si alguno echa en falta a Hiromi, le recuerdo que estoy hablando de pianistas de jazz.

martes, 3 de diciembre de 2013

La música de William Parker, más presente que nunca


Un artículo Yahvé M. de la Cavada, publicado el 2 de diciembre pasado en el diario El País, de Madrid.

William Parker, jazzista global

No crean a quien les diga lo contrario: hace tiempo que la historia del jazz se escribe desde la periferia. Las superestrellas del género (los tuertos en un mundo de completa ceguera comercial) pueden acaparar festivales y seguir siendo rostro recurrente de la iconografía popular pero, los motores principales en el progreso de la improvisación, se encuentran siempre apartados de los focos. Un sitio, por cierto, donde se trabaja mejor.

En las últimas décadas, pocos músicos como William Parker han desarrollado un perfil tan completo en el jazz y la vanguardia afroamericana. No es el único perfil poliédrico e hiperactivo en el jazz actual, pero sí el que representa de manera más exhaustiva la tradición negra del jazz libre. Lo ha hecho todo, y lo ha hecho bien: instrumentista estimulante, acompañante de lujo, líder polifacético, compositor consumado, artista global… Su biografía abarca desde una larga militancia en la Unit del gran Cecil Taylor a la organización del Vision Festival de Nueva York, evento referencial en la vanguardia jazzística, pasando por centenares de grabaciones y proyectos que le han situado en el olimpo del jazz del siglo XXI. Y todo con un perfil discreto, de esos que hay que mirar detenidamente para reparar en su abismal envergadur

Depositario de la herencia del que fuera contrabajista definitivo de John Coltrane, Jimmy Garrison, Parker es capaz de aunar los aspectos más espirituales del free jazz y, al mismo tiempo, los más intelectuales. No es casualidad que sea el complice, casi alter ego, de músicos como David S. Ware y Matthew Shipp, colaboradores a su vez, pero representantes de diferentes acercamientos a la improvisación. Si bien el cuarteto de Ware (con Shipp y Parker) fue uno de los pocos aspirantes reales a cubrir el vacío dejado por el último Coltrane, los grupos de Shipp, con Parker como escudero, son máximos exponentes de un jazz nuevo y anguloso, portador de tanta tradición jazzística como de nuevas tendencias surgidas en los últimos años.

Y luego está el Parker compositor y líder, que por sí sólo ha generado una carrera con muchas y muy ricas ramificaciones, desde la improvisación más libre y feroz hasta unpost-bop intenso y con sustancia, tanto con grandes como con pequeñas formaciones. Intentar abarcar todos sus universos musicales en un artículo o en unas cuantas escuchas es imposible. Parker se ha prodigado mucho y no es fácil cribar una carrera tan redonda y compleja. Cada uno de sus grupos habituales tiene cualidades que deben ser experimentadas con atención, como la intensa furia de In Order To Survive, los ecos de Charles Mingus en la Little Huey Orchestra, la universalidad de sus dúos con Hamid Drake, la reinterpretación de su proyecto homenajes a Curtis Mayfield, las diferentes perspetivas de sus tríos, etc. Todos tienen su propia magia, pero si hay uno al que Parker se ha consagrado con más fruición, y con mejores resultados, es a su cuarteto con Hamid Drake, Rob Brown y Lewis Barnes.

 
Desde su fundación hace más de una década, esta ha sido la formación con la que Parker ha medido la mayor parte de sus proyectos. Tres músicos que, junto al contrabajista, han supuesto el núcleo de la mayoría de sus bandas y grabaciones en los últimos años. Ahora, mano a mano con Steven Joerg, Parker recupera nueve horas de material inédito en directo que documenta ampliamente la música del cuarteto —y de varias de sus extensiones— entre 2006 y 2012. La criatura se llama "Wood Flute Songs" (Aum Fidelity/Distrijazz) y es una colosal caja de 8 cedés que, más que una retrospectiva, es un complemento necesario para entender la música que Parker ha ido presentando en los últimos años.

 
Aunque "Wood Flute Songs" comienza en el año 2006, esta historia se remonta al año 2000, cuando Parker estrena su cuarteto con el imprescindible "O'Neal's Porch" (Aum Fidelity/Distrijazz). Ya entonces, crítica y público se volcaron con el grupo, consideración que se ha mantenido a lo largo de los años con cada referencia editada por el cuarteto. Así, no es extraño que cuatro de los ocho cedés de esta caja contengan la contrapartida en directo de esas grabaciones en dos auténticos tour-de-force grabados en 2006 y 2007. La solidez del cuarteto es aplastante, y en directo desarrollan su música hasta límites desconocidos en sus grabaciones de estudio. Largas tomas, improvisaciones laberínticas y una comunicación inalcanzable para la mayoría, nos muestran a un grupo a la altura de formaciones míticas como el cuarteto clásico de Coltrane o los tríos de Bill Evans. El lenguaje es otro, pero la aplastante certeza de estar ante un grupo irrepetible está ahí.

A partir de esa gigantesca tanda del cuarteto en directo (cuidado con las dosis altas, esta es música intensa y el efecto se puede diluir en exposiciones muy continuadas), nos encontramos con cuatro mutaciones del grupo base, con orígenes diferentes pero con resultados igualmente satisfactorios. Primero, una simple ampliación del cuarteto grabada en 2009, con la presencia de tres grandes figuras del free jazz: el violinista Billy Bang, el saxofonista James Spaulding y el cornetista Bobby Bradford. Aquí la suma es sencilla, pero rotunda: el doble de solistas, el doble de diversión. No hay grandes alardes arreglísticos, lo que indica lo casual de la ocasión, pero sí ingeniosos voicings y solos de altura.

 
A continuación, la rareza del set, una grabación de 2011 con el denominado (e inédito ) Creation Ensemble, que es básicamente la unión del cuarteto y el grupo suizo AMR Ensemble. La química entre ambas formaciones es rica e intensa, y el disco encierra momentos de gran belleza, como el "Psalm For Billy Bang" (que había fallecido cinco días antes del concierto), y reinterpretaciones muy interesantes en las que encaja perfectamente la voz de Ernie Odoom. Precisamente por lo inesperado de este encuentro, el del Creation Ensemble es uno de los registros más valiosos de "Wood Flute Songs".

Los dos últimos cedés de esta colección fueron grabados en junio de 2012 con dos de los grupos más emblemáticos del contrabajista. Por un lado, Raining On The Moon, la primera variante directa del cuarteto original, con la incorporación de la pianista japonesa Eri Yamamoto y la cantante y bailarina Leena Conqest. Una formación con identidad propia que factura una música más grácil que la del cuarteto, en la que el piano y la voz no resultan intrusos, sino auténticos protagonistas. Sumar para crear algo completamente diferente. En directo, el efecto es el mismo.

 
Por último, un guiño al pasado y una mirada al futuro: Parker retoma uno de sus primeros grupos, In Order To Survive, con una perspectiva menos combativa que la de su encarnación original. En su momento está banda fue el vehículo de la música más libre y descarnada del contrabajista, pero en esta revisitación suena menos volcánica, aunque tan orgánica y libre como cabe esperar. Una vez más el grupo se ha regenerado en una formación diferente en la que el cuarteto sirve como base, con sólo un componente extra: el fabuloso pianista Cooper-Moore, un tipo cuya presencia ya vale un elogio. Es natural que se erija como figura principal en la clausura de esta colección, tanto por su pianismo bullicioso y fascinante, como por la simbiosis musical que muestra con Parker.

Obras como esta, extensas e intensas, marcan un punto de inflexión en la carrera de cualquier músico, volviendo la vista atrás y contemplando el largo camino recorrido. Para William Parker parece ser un deuda pendiente, una necesidad de mostrar el lado más cotidiano de su obra. Ese que le hace recorrer los escenarios de clubes y festivales desplegando cada noche una visión de la improvisación honesta, fiel a la tradición y altamente comprometida con la libertad. Su música, incluso presentada en forma retrospectiva, suena a presente más que a ninguna otra cosa.



viernes, 29 de noviembre de 2013

Buenos Aires Jazz 2013: a modo de conclusión

El 27 de noviembre pasado, Diego Fischerman escribió en Página 12 una conclusión a propósito del Buenos Aires Jazz 2013, que acababa de terminar. El copete de la nota decía: “Durante seis días, el encuentro dirigido por el pianista Adrián Iaies convocó a unos 85.000 espectadores en 73 conciertos y dejó la impresión de un medio local consolidado, con músicos argentinos de inmenso talento, que descollaron al lado de sus colegas extranjeros”.

Más que una cadena de buenos conciertos

Concentrado en seis días, con momentos de intimidad exquisita y también encuentros masivos al aire libre, y recorriendo un paisaje musical que fue desde el jazz más tradicional hasta las vertientes más actuales, el festival que Buenos Aires dedica a este género concluyó ayer con una gran actuación del trompetista italiano Favio Boltro junto al pianista belga Eric Legnini, Franck Agulhon en batería y Thomas Bramerie en contrabajo. Y, más allá de la variedad estética, de las visitas extranjeras, de los encargos originales, que este año tuvieron como protagonista a un notable Leo Genovese recreando –y pocas veces la palabra puede resultar más apropiada– a Luis Alberto Spinetta con su trío, y con Amelita Baltar y Machi Rufino como invitados, y de la asistencia del público, que rondó los 85.000 espectadores a lo largo de 73 conciertos, queda la impresión de un medio local consolidado, con músicos argentinos de inmenso talento, que descollaron en cada una de sus presentaciones.

El trompetista Mariano Loiácono, que fue parte del grupo en el que se cruzaron también Gustavo Musso, Legnini, Franck Agulhon y Thomas Bramerie; el pianista Pollo Raffo; la base conformada por Patricio Carpossi, Demian Cabaud y Hernán Mandelman, que actuó junto a Thomas Heberer, Tobias Delius y Wolter Wierbos; la big band del Conservatorio Manuel de Falla, que se presentó junto a Tim Berne; las cantantes Barbie Martínez y Roxana Amed; el pianista Ernesto Jodos y su trío, conformado por el baterista chileno René Gatica Bahamonde y el contrabajista español Javier Moreno Sánchez: todos estuvieron entre los que brillaron a la par de los músicos extranjeros, tanto tocando junto a ellos como mostrando sus propios proyectos. La orquesta ICP en la apertura, Frank Carlberg a solas en el piano y junto a Amed en piezas compuestas por él a partir de poemas de Alejandra Pizarnik, el virtuoso dúo del pianista Jean-Michel Pilc y el guitarrista Silvain Luc, Rosa Passos y la Banda Mantiqueira, y un Tim Berne actualmente más cerca del posminimalismo que de sus experiencias de hace veinte años, honraron con su presencia el festival y dieron lugar, como no podría ser de otra manera, a sorpresas, confirmaciones, decepciones (dependiendo de lo que cada uno esperara en cada caso) y, obviamente, encarnizadas discusiones.

En el saldo favorable debe contabilizarse, también, el hecho de que haya habido más de 900 participantes en las clases magistrales y talleres. En su sexto año desde que Adrián Iaies lo dirige, este festival, que en su fundación, en 2002, había llevado a Luis Alberto Spinetta al Colón, en un concierto (casi) acústico, ha encontrado un perfil más que interesante, que logra trascender la mera encadenación de buenos conciertos y es capaz de generar proyectos de efecto duradero. En cuanto a las sedes, la inclusión de la Usina como uno de los escenarios principales no podría ser más afortunada pero, basándose en el conocimiento acerca de su magnífica acústica se cometió un error de concepto limitando la amplificación al mínimo o directamente eliminándola en casos de conformaciones instrumentales que, a diferencia de un cuarteto de cuerdas o un piano solo, jamás fueron pensadas para sonar sin amplificación. Es decir: una orquesta conformada por bronces, más violín, cello, piano, contrabajo y batería, como la ICP, existe tomando la amplificación como uno de sus elementos constitutivos. Pretender que un grupo de esa naturaleza sonara bien (y todas sus voces fueran audibles) sin una mezcla y una amplificación activas, sería como pretender que un cantante popular pudiera imponerse a una big band en una gran sala sin ayuda del micrófono. Sinatra y su estética dependían del micrófono y, en gran medida, los grupos heterogéneos del jazz, también. En ese contexto, los más perjudicados fueron los pianistas y, en particular, resultó casi inaudible mucho del excelente trabajo de Jodos junto a Berne. Eventualmente, que mucho de lo mejor haya sucedido en los clubes, en Thelonious, en Vinilo y La Trastienda, es también signo de equilibrio en una programación donde no hubo músicos de segunda.


jueves, 28 de noviembre de 2013

Foreststorn "Chico" Hamilton (Los Ángeles, California, 21 de septiembre de 1921 − Manhattan, Nueva York, 25 de noviembre de 2013)

Hace tres días, comentábamos con Guillermo Hernández sobre Chico Hamilton. Yo, asombrado una vez más por la capacidad exhibida para crear grupos realmente extraordinarios, le decía a Guille que no entendía cómo era que, fuera del ambiente del jazz, no fuera tanto o más conocido que otros bateristas formadores de grandes grupos, como Art Blakey, Roy Haynes, Elvin Jones o incluso Shelley Mane. Y recordé las formaciones con Buddy Colette, Jim Hall y Fred Katz, o los grupos con Eric Dolphy, o aquéllos otros en los que un jovencísimo Charles Lloyd parecía comerse el mundo a cada soplido, sin hablar de la cuota de exotismo de Gabor Szabo. Guille, muy en su estilo, me dijo: “Esperá a que se muera y vas a ver”.

Esa misma noche, mientras cenábamos con otros amigos, Sergio Choren nos contó que acababa de enterarse, vía Facebook, de la muerte de Chico Hamilton, a los 92 años.

Ojalá la profecía de Guille se cumpla y, finalmente, se le dé a Hamilton el lugar que sin duda se merece por méritos probados.

Jorge Fondebrider

Una discografía posible

1955: Chico Hamilton Trio (10" LP)
1955: Chico Hamilton Quintet feat. Buddy Collette
1960: Original Chico Hamilton Quintet
1956: Chico Hamilton Quintet In Hi-Fi
1956: Chico Hamilton Trio (12" LP)
1957: Chico Hamilton Quintet
1957: Zen: The Music Of Fred Katz
1957: Sweet Smell Of Success
1958: South Pacific In Hi-Fi
1958: Chico Hamilton Trio intro. Freddie Gambrel
1959: Ellington Suite (1958 version with Eric Dolphy released 2000)
1959: With Strings Attached
1959: Gongs East!
1959: The Three Faces Of Chico
1959: That Hamilton Man
1960: Bye Bye Birdie/Irma La Douce
1960: 'Chico Hamilton Special
1962: Drumfusion
1962: Litho
1962: A Different Journey
1963: The Great Chico Hamilton Featuring Paul Horn (Crown Records CLP 5341)
1963: Man from Two Worlds (Impulse!)
1965: Chic Chic Chico (Impulse!)
1966: El Chico (Impulse!)
1966: The Dealer (Impulse!)
1967: The Best of Chico Hamilton
1968: The Gamut
1969: The Head Hunters
1970: El Exigente/The Demanding One
1973: The Master
1974: Live At Montreux (with Albert King and Little Milton)
1975: Peregrinations
1976: The Players
1977: Catwalk
1979: Reaching For The Top
1980: Nomad
1988: Euphoria
1990: Transfusion
1991: Reunion
1992: Arroyo
1993: Trio!
1994: My Panamanian Friend (The Music Of Eric Dolphy)
1994: Dancing To A Different Drummer
1998: Complete Pacific Jazz Recordings of the Chico Hamilton Quintet
1999 Timely
2000: Original Ellington Suite (recorded 1958)
2001: Foreststorn
2002: Thoughts Of...
2006: Juniflip
2006: Believe
2006: 6th Avenue Romp
2006: Heritage
2007: Hamiltonia
2007: Mysterious Maiden 12” 180 gram vinyl
2008: It's About Time EP
2008: Chico Hamilton Presents: Alternative Dimensions of El Chico EP
2008: Andrew Hill and Chico Hamilton- Dreams Come True
2008: Trio! Live @ Artpark
2009: The Alternative Dimensions of El Chico 12” double vinyl
2009: Twelve Tones of Love
2011: Revelation EP 10" vinyl
2011: Euphoric EP

2011: Revelation

domingo, 24 de noviembre de 2013

78th Annual Downbeat Readers Poll





Como todos los años en esta época, la revista Down Beat llevó a cabo su encuesta anual dirigida al público. Por lo general, ésta difiere de la que a mediados de año se realiza entre los críticos ya que, como se leerá a continuación, suele ser mucho más conservadora. Se copian abajo los resultados para que cada cual saque sus propias conclusiones



Hall of Fame: Pat Metheny 

Jazz Artist: Wayne Shorter 

Jazz Album: Wayne Shorter Quartet, Without A Net (Blue Note)

Historical Album:  Miles Davis Quintet, Live In Europe 1969: The Bootleg Series Vol. 2 (Columbia/Legacy)

Jazz Group: Wayne Shorter Quartet 

Big Band: Jazz at Lincoln Center Orchestra 

Trumpet: Wynton Marsalis 

Trombone: Trombone Shorty

Soprano Saxophone: Wayne Shorter






Kenny Garrett
Alto Saxophone: Kenny Garrett

Tenor Saxophone: Sonny Rollins 

Baritone Saxophone: Gary Smulyan

Clarinet: Anat Cohen

Flute: Hubert Laws

Piano: Keith Jarrett 

Keyboard: Herbie Hancock 

Organ: Joey DeFrancesco

Guitar: Pat Metheny 

Bass: Christian McBride


Jack DeJohnette

Electric Bass: Stanley Clarke 

Violin: Regina Carter

Drums: Jack DeJohnette

Vibes: Gary Burton

Percussion: Poncho Sanchez 

Miscellaneous Instrument: Béla Fleck (banjo)

Female Vocalist: Diana Krall

Male Vocalist: Kurt Elling 


Composer: Wayne Shorter

Arranger: Maria Schneider

Record Label: Blue Note 

Blues Artist or Group: B.B. King 

Blues Album: Dr. John, Locked Down (Nonesuch)

Beyond Artist or Group: Robert Glasper Experiment

Beyond Album: Donald Fagen, Sunken Condos (Reprise)

viernes, 22 de noviembre de 2013

Una interesante manera de empezar

Comenzado el Buenos Aires Jazz en su versión 2013, Diego Fischerman comenta en Página 12 el concierto del ICP, en la Usina de la Boca,

La frescura virtuosa

Hay ocasiones en que el dibujo cuidadoso de los contornos de un mapa no alcanza para imaginarse un territorio. Sus espesores, sus grietas, sus colores. Podría hablarse de las tradiciones en las que la Instant Composers Pool (ICP) se inscribe. Del humor (un humor ingenuo, casi típicamente holandés), de las referencias a Monk y, también, a los viejos grupos de dixieland que proliferaron en el norte de Europa; del experimentalismo de fines de los sesenta, en el jazz, o de esa extraña amalgama entre virtuosismo y frescura que caracteriza a mucho de lo mejor del género. Y sería insuficiente para dar cuenta de la fantástica actuación con la que esta orquesta legendaria abrió el miércoles la sexta edición del Festival de Jazz de Buenos Aires desde que lo dirige el pianista Adrián Iaies.

Conducido por su baterista Han Bennink y, en ausencia, por el inclasificable pianista y compositor Mischa Mengelberg –que, debido a su salud, no fue de la partida pero cuyo sello inconfundible estuvo todo el tiempo presente–, este grupo varía de conformaciones según cada tema. Va desde su encarnación como improbable big band –los arreglos suelen remitir a la historia de ese subgénero e, incluso, a las vertientes más asociadas con el baile y los usos “de salón”– hasta los pequeños grupos de improvisación, integrados por dos, tres o cuatro instrumentistas. La ICP está integrada por Bennink –octogenario y vital como pocos–, Guus Jansen en piano (reemplazando a Mengelberg), Ernst Glerum en contrabajo, Michael Moore en saxos y clarinete, Tobias Delius en saxos, Thomas Heberer en trompeta, Wolter Wierbos en trombón, Tristán Honsinger en violoncello y Mary Oliver en violín. Varios de ellos están en el grupo desde hace tiempo y unos cuantos –Moore, Wierbos, Honsinger, Olivier– exhiben trayectorias envidiables, desde la formación de recordables grupos propios, como el Clusone Trio fundado por Moore, hasta su participación en proyectos de músicos de la talla de Cecil Taylor o Henry Threadgill.

Jansen es un pianista notable a quien se le nota, también, en la precisión de un fraseo siempre abundantemente ornamentado, su trayectoria como clavecinista. Wierbos es un trombonista excepcional y fue una de las estrellas de la noche, junto a Glerum, de una firmeza e imaginación destacables, además de un sonido homogéneo y corpóreo, y Bennink, claro, que no dudó en sentarse en el piso, percutir en él, primero con sus baquetas y luego con las manos, y, en un alarde de la acústica de la sala de la Usina pero, también, del silencio y respeto del público, jugar con el sonido de sus palillos rodando por el escenario. Tanto Oliver como Honsinger fueron fundamentales en el sonido de la orquesta, tanto en los momentos más camarísticos como en esa especie de furibunda banda de baile de los años cuarenta cuyo fantasma la ICP se complació en convocar. La pluralidad de fuentes va desde el blues y el jazz más tradicional –a la manera en que fueron traducidos por las bandas europeas, en los comienzos del siglo XX, y en que consolidaron una tradición en las manos de grupos como la Dutch Swing College Band, fundada en 1945 por Peter Shilperoort–, la sombra decadente de valses de salón y un experimentalismo que abreva tanto en ciertas líneas del jazz –Monk, Herbie Nichols, Mingus, Cecil Taylor– como en la música académica.

Algunas de estas vertientes logran una intersección muy lograda, como la introducción sobre un bajo de pasaccaglia para “Baltimore Oriole”, un viejo tema de Hoagy Carmichael, rescatado alguna vez por George Harrison, que lo grabó en su disco Somewhere in England, de 1981. Pero, sin duda, lo mejor del grupo tiene lugar cuando se internan, como en el poderoso y sutil arreglo de Mengelberg para “Criss Cross”, de Monk, en las zonas de armonía más densa y de rítmica más libre. La clase de jazz mostrada por la ICP, en todo caso, está lejos de ser frecuente y en ese sentido conviene resaltar no sólo el acierto de elegir una apertura de festival con estas características, sino la absoluta complicidad de un público que colmó la bellísima sala de La Boca y que despidió a la orquesta, después de varios bises, con una estruendosa ovación.


miércoles, 20 de noviembre de 2013

Hoy empieza una nueva edición del Buenos Aires Jazz

Instant Composers Pool
Diego Fischerman escribe en Página 12 de hoy, a propósito del comienzo de una nueva edición del Buenos Aires Jazz. Señala el copete que “La apertura del encuentro dirigido por Adrián Iaies estará a cargo de Instant Composers Pool. Hasta el lunes habrá conciertos de artistas como Alan Zimmerman, Jean-Michel Pilc, Tim Berne junto al trío de Ernesto Jodos y Paula Shocrón, entre muchos otros”.

Cruces para un género vital

En 1959, en las notas para la contratapa del disco Kind of Blue, del sexteto de Miles Davis, su pianista, Bill Evans, comparaba esa música con una forma de dibujo japonés en que la pluma no puede levantarse de la hoja. Por la misma época, en sus comentarios para otro disco, Jimmy Giuffre 3, en donde tocaba junto a ese clarinetista y al contrabajista Ralph Peña, el guitarrista Jim Hall usaba, para referirse a la improvisación, el concepto de “composición instantánea”. Eran años en que el jazz discutía con la tradición académica la primacía dentro del campo de lo artístico. Y había, también, algunos pasajes –y una buena cantidad de préstamos de materiales y formas de organización del sonido– entre distintos territorios.

El pianista Mischa Mengelberg, nacido en Kiev, crecido en Holanda, formado en composición en el Conservatorio Real de La Haya (donde estuvo relacionado con el grupo Fluxus y alguna vez fue compañero de ruta de Eric Dolphy) es, en todo caso, una viva prueba no sólo de esas zonas de libre tránsito, sino de su fertilidad. Junto al baterista Han Bennink, con quien había compartido varias de estas aventuras a comienzos de la década de 1960, y el saxofonista Willem Breuker creó, en 1967, una gran banda situada en los bordes más experimentales del jazz europeo. Y el nombre no pudo ser más adecuado: Instant Composers Pool. Con algunos cambios, la salida de Breuker, la entrada del saxofonista alemán Peter Brötzmann y las incorporaciones más recientes de músicos como el notable Michael Moore, en clarinete y saxo (fundador en su momento del genial Clusone Trio), la ICP, con un estilo que deriva casi en línea directa de las angularidades de Herbie Nichols y, más atrás, de Thelonious Monk, sigue siendo uno de los exponentes más perfectos del género. Y llega por primera vez a Buenos Aires para abrir, hoy a la noche, el Festival Internacional de Jazz de este año.

En la Usina del Arte (Caffarena y Pedro de Mendoza), el grupo se presentará con Guus Jansen, un importante pianista, clavecinista y compositor de jazz y música contemporánea que reemplaza a Mengelberg, quien se encuentra retirado en razón de su avanzada edad, Ernst Glerum en contrabajo, Michael Moore en saxos y clarinete, Tobias Delius en saxos, Thomas Heberer en trompeta, Wolter Wierbos en trombón, Tristán Honsinger en violoncello, Mary Oliver en violín y Bennink en la batería. Y mañana, a las 20 y en el Teatro Alvear (Corrientes 1659), tocarán en trío Moore, Glerum y Bennink, como parte de un doble programa del que también participará Leo Genovese, el pianista y compositor argentino radicado en Estados Unidos que funciona como virtual factótum del grupo de la estrella Esperanza Spalding. Genovese actuará, en esta ocasión, como solista y, también, este sábado a las 20.30, en La Trastienda (Balcarce 460), presentará un encargo realizado especialmente por el festival: un trabajo sobre canciones de Luis Alberto Spinetta.

Concentrada en cinco días, esta nueva edición del festival exhibe una agenda apretadísima. Hoy mismo, después del concierto en La Boca, habrá dos ediciones de lo que el músico Adrián Iaies, director del encuentro, ha bautizado “cruces”. El único problema es que ambos serán a las 22 y habrá que elegir. En Vinilo (Gorriti 3780) estará el contrabajista dinamarqués Anders Christensen junto a un grupo de músicos locales entre quienes se destaca el baterista Pipi Piazzolla, y en Thelonious (Salguero 1884) actuará otro danés, el guitarrista Jakob Bro, junto a Juan Bayón en contrabajo, entre otros.

Alan Zimmerman
Entre las actuaciones de mañana se destacan dos shows acústicos, el del pianista Alan Zimmerman y el del dúo de guitarra y percusión Bosphorus, a las 15.30 y a las 16.30, ambos en la sala El Aleph del Centro Cultural Recoleta (Junín 1930). A las 19, el Cuarteto del pianista Esteban Sehinman actuará en el Parque Centenario (Angel Gallardo y Warnes) y una hora después la cantante Graciela Cosceri se presentará en la Terraza del C. C. Recoleta. La cantante Roxana Ahmed, por su parte, presentará junto al pianista Frank Carlberg su trabajo sobre poemas de Alejandra Pizarnik, en un doble programa del que también participará el Ale Demogli 4, acompañando la salida de su disco Luna.

Para el viernes, conviene agendar la actuación del cuarteto del notable saxofonista Carlos Michelini, a las 19 y en el Parque Centenario, y una hora después, en el Teatro Alvear, la del dúo conformado por el pianista Jean-Michel Pilc y el guitarrista Sylvain Luc, dos grandes virtuosos franceses aunque, en el caso de Pilc, definitivamente integrado a la escena neoyorquina. El sábado vale la pena prestarle atención al dúo de Pepe Angelillo y Pablo Ledesma, dos de los músicos más creativos de la escena local (en la sala El Aleph del Recoleta, a las 15.30); al doble programa en La Usina, a partir de las 16, con el fundamental saxofonista Tim Berne junto al trío del pianista Ernesto Jodos, y la actuación solista de Frank Carlberg. Y el domingo, el Pollo Raffo actuará solo al piano (en la sala El Aleph, a las 15.30), el trío de Carlberg se presentará en el Parque Centenario (a las 20) y Berne estará junto a la Big Band del Conservatorio Manuel de Falla (a las 20.30 en La Trastienda). El lunes, además del concierto de cierre, con la presencia del trompetista italiano Flavio Boltro y el pianista belga Eric Legnini (en La Usina a las 20.30), estará la pianista Paula Shocrón, quien actuará a las 19 en la terraza del Recoleta.

lunes, 28 de octubre de 2013

tRio lucas en Buenos Aires

tRío lucas está de vuelta en el circuito porteño luego de la gira realizada a mitad de año por España y Portugal. Más inmaduros y más creativos, vuelven a presentan su último disco y otros temas de su ya extensa carrera.

Javier Cánepa: Contrabajo y Piano

Diego Olguín: Guitarras

Pablo Ovejero: Batería


Llevan editados 7 discos en forma independiente:

Jazzfreepop, Mayo 2007
En directo, Diciembre 2007
Superfree!, Noviembre 2008
Manifiesto, 2009
Babaouo, 2011
El gusto por el Kaos, (con Paulo Alexandre Jorge) 2012
tRío lucas, 2013

viernes, 25 de octubre de 2013

Obituarios 2013


Uno tiende a no pensar en eso, pero todo el tiempo se muere gente. Es una verdad de Perogrullo. Sin embargo, 2013 está siendo un año bastante duro para el mundo del jazz. En lo que lleva transcurrido, desde enero hasta ahora y mencionando solamente a los más conocidos, han muerto Claude Nobs (el fundador del Festival de Montreux, 1936-2013), Donald Byrd (1933-2013), el pianista Paul Smith (1922-2013), el tecladista George Duke (1946-2013), Cedar Walton (1934-2013), Mulgrew Miller (1955-2013),  Mariam McPartland (1918-2013), Ronald Shanon Jackson (1940-2013) y Walter Malosetti (1931-2013). A todos ellos, nuestro mayor agradecimiento por la música y los buenos momentos que nos han hecho pasar a través de nuestras vidas.

lunes, 7 de octubre de 2013

Dos reflexiones después del concierto de Ron Carter


El pasado viernes 4 de octubre, en el teatro Gran Rex, de Buenos Aires, actuó el trío del contrabajista Ron Carter, que también integran el guitarrista Russell Malone y el pianista nicaragüense Don Vega. La actuación produjo una serie de reacciones en la prensa y en el público, que aquí comenta Jorge Fondebrider




Lo que pasa, lo deseable y lo justo

Sería muy curioso que a esta altura de la historia –considerando además sus 76 años–, alguien le pidiera a Ron Carter, un extraordinario contrabajista con muchos blasones, algún tipo de novedad. Digamos que ya hizo cumplidamente lo que tenía que hacer, integrando algunos de los grupos más notables de la vanguardia jazzística de los años sesenta y ya nos dio suficientes indicios de que, concluida esa etapa, su elección ha sido mantenerse en la corriente central del jazz, limitándose apenas a dar continua prueba de inteligencia y ductilidad. Y en eso consistió el concierto del otro día, que bien podría ser definido por su elegancia y belleza. 

Y decimos más arriba que sería muy curioso exigirle otra cosa. Pero “curioso” no significa “imposible”, por lo que no debe sorprender que César Pradines, cronista del concierto para el diario Clarín, titulara su reseña “Un jazz sin grandes riesgos”, refiriéndose a lo escuchado como “un concierto sencillo y de tono algo burocrático”. O que, ya en pleno comentario, definiera al grupo como “un combo fuertemente estilístico que desarrolló solos limpios, no siempre concisos, y que se preocupó más por sus respuestas ya descubiertas que por la formulación de preguntas nuevas”. O que concluyera afirmando que “la música del trío Golden Strike se volvió un tanto previsible y eso, quizás, sea una de las mejores razones para disfrutar de ese lado del mundo tan recorrido que tiene el jazz”. 

Como suele ocurrir, a la reseña de Pradines la sucedió una catarata de comentarios por parte de los lectores de Clarín. Lisandro Massa, por ejemplo, anota: “ ¿‘Sin grandes riesgos...’? ¿Desde cuándo la música tiene que tener ‘riesgos’ para ser de buena calidad? Estos snobs del jazz me tienen harto, se creen que el jazz fue inventado para ellos y por ellos. Ron Carter es un grande de la música, cuando él toca dice todo, no preciso que pseudo intelectuales de la música me digan cómo sentir, sinceramente César Padrines podrías cambiar de profesión, a nadie le gustó tu nota...”. Por su parte, José Ricardo Pupetti escribió: “Tuve el privilegio de presenciar el concierto magnífico que brindó Ron Carter junto con Vega y Malone. Entiendo que la música o la forma de interpretarla puede gustar o no. Es algo inherente al arte. Pero calificar de la forma en que lo hace el cronista de este artículo es al menos imprudente e irrespetuoso. Posiblemente estime que denostar un concierto con un clima muy especial y que permitió apreciar una sensibilidad exquisita para interpretar jazz clásico lo ponga en un nivel distinto como ‘relator de espectáculos’... En realidad sus juicios de valor sólo hablan de su limitada capacidad para apreciar una acabada muestra de talento y virtuosismo”. Nanni Sansone, en cambio, elige otro tono: “¿Qué pasó Pradines? Te perdiste una cena de canje en ese boliche de jazz de Callao por ir al Gran Rex y te pusiste de mal humor ? O sos de esos que consideran que el jazz es solo del año sesenta en adelante? Aún así tenes menos jazz que los Backstreet Boys. Saludos”. Ezzio Menutti opina en una dirección parecida: “Este tipo de notas salen cuando a los invitados de prensa no les ponen catering”. Y más sintético y acaso con algún conocimiento otorrinolaringológico, Manuel Peláez informa: “Este tipo es Sordo!!!!!”. La serie de comentarios es todavía más larga y, por momentos, se pone francamente injuriosa. 

Ahora bien, llegados a este punto, y conociendo la larga trayectoria de Pradines y las muchas leyendas que ha generado, la reflexión no apunta ni a Ron Carter –quien efectivamente dio un bellísimo concierto que, visto desde el punto de vista de quien busca novedades, fue conservador–, ni al comentario del diario Clarín, sino a quien le da responsabilidades periodísticas al cronista y a las reacciones que éste provoca. 

Sobre lo primero sólo puedo decir que cada medio tiene su lógica y ésta, en líneas generales, suele ser perversa. La cultura, por caso, ocupa un lugar absolutamente marginal en los diarios y, en ese marco, la música uno todavía más pequeño. Siguiendo por ese camino, el jazz entonces tiene un lugar insignificante. Por lo tanto, críticos de música, en la prensa argentina, hay muy pocos; mucho menos gente que sepa leer música y, llegado el caso, tocar un instrumento, teniendo al mismo tiempo en claro la enciclopedia que plantea todo género musical. Ahora bien, no siempre saber tocar un instrumento es garantía de que quien lo haga sepa también escribir un comentario sobre lo que ocurre en un escenario o en un disco. Con lo cual, llegados a este punto, corresponde admitir que un concierto no puede medirse por lo que el crítico desea, sino por lo que efectivamente pasa. Y el crítico, entonces, debería ser capaz de describirlo, dejando para otra instancia su propio gusto porque la palabra escrita conlleva algún tipo de responsabilidad. Por caso, creo que Ron Carter no manifestó en ninguna parte –como efectivamente sí hizo su ex compañero Herbie Hancock– que apuesta al riesgo. Al no haberlo hecho, su música podrá gustarnos más o menos, pero no nos decepciona. En cambio, en el caso de Hancock sí podemos sentirnos decepcionados porque la invocación al riesgo, a una modernidad mal entendida, estuvo efectivamente en varias de las entrevistas que dio y cuando ese riesgo no se cumple nos autoriza entonces a juzgarlo desde esa perspectiva. 

Sobre lo segundo, quisiera manifestar que todo el mundo está en su derecho de protestar y quejarse por un comentario con el cual no coincide. Al haber estado presentes en el espectáculo y al ver una crónica de éste con la que no coincidimos en un diario de circulación nacional (o, llegado el caso, en una revista o en un blog), sentimos irritación y lo primero que nos irrita es la firma. Existen formas de responderle a esa firma sin necesidad de apelar a la descalificación o al insulto personal. Pero hacerlo implica algo más que una rápida sarta de malas palabras escudados por el ciberespacio. Habría que ponerse a pensar cómo desarmar esa argumentación que juzgamos falaz y luego redactar algo en consecuencia, lo cual lleva algo de tiempo. Pero, convengamos, sería lo justo.