sábado, 13 de diciembre de 2014

Guadalajara 2014: Escalandrum con Julieta Venegas, Adrián Iaies y Horacio Fumero, y los chiles habaneros de Guillermo Hernández

Entre el 29 de noviembre y el 7 de diciembre pasados tuvo lugar la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Esta vez el país invitado fue la Argentina y Jorge Fondebrider fue uno de los sesenta escritores argentinos que integraron la delegación enviada a esa ciudad mexicana por la Dirección de Cultura de la Cancillería con el objeto de dejar bien alto el nombre del país participando en mesas redondas y lecturas, que son las cosas que se suelen hacer en esos lugares. Sin embargo, como en otras ocasiones, Guillermo Hernández, del todo ajeno a la importancia de la misión, pero sabiendo del viaje le encargó a Fondebrider que le trajera unos chiles habaneros porque, según le explicó al atribulado polígrafo, en Merlo no se consiguen. Y sacando uno de esos fajos de billetes que conserva en el bolsillo del pantalón desde sus tiempos de verdulero le dijo al azorado escritor: "Tomá unos pesos, comprame los morrones y traeme el vuelto".

Ya en tierras aztecas, Fondebrider cumplió con los encargos (el de la patria y el de Hernández) y aprovechó para asistir dos noches a los shows musicales que tuvieron lugar dentro del programa que organiza la FIL en su explanada. En ambas ocasiones, lo primero que le llamó la atención fueron las 43 sillas vacías dejadas en homenaje a los estudiantes de la Escuela Normal Rural "Raúl Isidro Burgos", conocida como Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, presuntamente asesinados por policías municipales del municipio de Iguala, en el estado mexicano de Guerrero. Cada una de esas sillas, con la correspondiente foto, se constituyó en una presencia ominosa a lo largo de cada acto que tuvo lugar en la explanada de la FIL y en un recordatorio singular de que México, harto de todo tipo de desigualdades y vilencias, es en estos días una especie de olla a presión

Gustavo Musso y Pipi Piazzolla
En la noche del 29 se presentó Escalandrun, el grupo del baterista y compositor Pipi Piazzolla, integrado por Damián Fogel (saxo tenor), Gustavo Musso (saxos alto y soprano), Martín Pantyer (saxo barítono y clarinete bajo), Nicolás Guerschberg (piano y arreglos) y Mariano Sivori (contrabajo). El show estuvo casi en su totalidad dedicado a homenajear a Astor Piazzolla y fue absolutamente extraordinario.

Con todo, cuando Pipi anunció la presencia de la cantante Julieta Venegas, quien iba a compartir algunos temas con el conjunto, el auditorio se vino abajo. Con un bajísimo perfil y mucha humildad, la cantante mexicana se atrevió con "Chiquilín de Bachín" y un par de temas más, para concluir cantando una canción de Gustavo Ceratti (que, por cierto, le venía mucho mejor que las complicadas canciones de Piazzolla). De más está decir que todo terminó en una cerrada ovación. Y Escalandrun cerró con una versión magnífica de "Adiós Nonino", demostrando con gran inteligencia y muy buenos arreglos del pianista, que la música de Piazzolla puede ser interpretada sin recurrir al sempiterno bandoneón.

Dos días más tarde fue el turno de Adrián Iaies y Horacio Fumero. Ambos se presentaron por primera vez en México y, con un repertorio fundamentalmente de tangos tocados como standards de jazz, alguna incursión de Fumero en el folklore, un tema de Charlie Parker en homenaje a Julio Cortázar (cuyo centenario de nacimiento festejaba la FIL) y otro para el compositor local Armando Manzanero, cautivaron a un público entusiasta que terminó ovacionándolos de pie.

Contento con lo visto y oído, y con los chiles habaneros guardados en el bolsillo del saco, como otras tantas veces, Fondebrider se perdió en la noche, dispuesto a beberse un último tequila.

martes, 2 de diciembre de 2014

Jorge Fondebrider entrevista a Mauricio Dawid, vocero de KUAI MUSIC

Mauricio Dawid
Así como en su momento BAU Records y, más adelante, Rivorecords, el último año de jazz argentino parece haberse destacado por la presencia de KUAI MUSIC, un nuevo sello donde graban músicos muy jóvenes de todo el país y que se encuentra en plena actividad. Por eso, Jorge Fondebrider entrevistó a Mauricio Dawid, acaso la cabeza visible del proyecto.

“Un espacio desde donde difundir el esfuerzo”

¿Cuándo y por qué se armó KUAI como sello? 
–KUAI MUSIC surgió a principios de 2013 como consecuencia de dos proyectos previos. El primero fue la reunión de más de veinte músicos que tenían planeado grabar un disco y coordinarlo con la visita del ingeniero de grabación Luis Bacqué a Buenos Aires. Durante un mes, un estudio de grabación quedó a disposición exclusivamente nuestra y se grabaron todos los discos de un tirón. El segundo proyecto fue crear un sello discográfico para editar varios de esos discos que habían sido grabados a fines de 2012, pero en ese momento se nos hizo muy complicado ponernos de acuerdo y ese sello no llegó a nacer. Unos meses después le propuse a Fran Cossavella y a Damien Poots retomar la idea y comenzamos a desarrollar KUAI MUSIC.
El motivo por el cual creamos el sello es que deseamos documentar lo que consideramos un momento de ebullición en la escena del jazz. Nosotros somos parte de una nueva generación de músicos que proviene de distintas partes del país, y que hace ya unos años trabaja grupalmente en el desarrollo de una expresión musical creativa. Es por eso que nos pareció necesario darle un marco a todo ese trabajo que venimos realizando. A su vez, los músicos necesitamos contar siempre con una plataforma desde la cual difundir nuestra música, y en este caso somos nosotros mismos los que la hemos creado y sostenemos actualmente.

¿Quiénes son los responsables?
–Los primeros responsables del proyecto hemos sido Fran Cossavella, Damien Poots y yo. Actualmente ellos viven en París, y si bien hoy en día es sencillo mantener la comunicación y la dinámica de trabajo, les es difícil participar de ciertas cuestiones que necesitan ser tratadas desde aquí. Por eso hemos decidido contar con la ayuda de otros colegas que siempre estuvieron dispuestos a colaborar con el proyecto. El primero es Juan Bayon, quien, desde que supo de la formación de KUAI MUSIC, nos dijo que quería formar parte y editar su disco a través del sello. De hecho, la primera tanda de discos a editarse iba a estar conformada por nuestros cuatro álbumes, pero Juan ganó un premio por su disco Control y tuvo que posponer la edición para agosto de 2014.

¿Cómo se financian los discos?
–Durante este año editamos muchos discos que fueron grabados en 2013, es decir que mucha gente acudió a nosotros con una grabación terminada ya en la mano. De todos modos, nuestro proyecto inicial siempre fue que las grabaciones sean gestionadas por los propios músicos. Veremos si esa condición cambia para 2015. Nuestro objetivo principal es lograr que los músicos puedan grabar y difundir inmediatamente su música, agilizando todo el proceso de edición que siempre resulta tan tedioso para los independientes.

¿Cómo se decide qué discos van a sacar?
–Nosotros buscamos principalmente que los discos que editamos tengan un cierto sentido de homogeneidad entre sí. De alguna manera buscamos que cada artista que forma parte del sello tenga libertad a la hora de producir un disco: ésta va desde la música que escribe hasta el arte de tapa, el estudio donde decide grabar, la formación de la banda, etc. En ese aspecto vamos a contramano de varios sellos discográficos, pero eso no significa que nosotros no tengamos incidencia en las decisiones estéticas. Todos los discos que editamos pertenecen a músicos que no sólo admiramos, sino que también conocemos bien. Eso nos facilita mucho el trabajo de producción.

¿Por qué hay discos reales y otros virtuales, que solamente se bajan?
–Creemos que estamos atravesando un momento de transición en la industria discográfica, en el que el mercado de CDs ha decaído mucho, pero el hecho de pagar por una descarga o por streaming tampoco se ha instalado del todo aquí. Nosotros apostamos fuertemente a la difusión y la distribución de la música en formato digital, y dejamos que cada artista decida si quiere editar en CD su disco o no. Además, todo aquel que elija hacer una edición física de su material puede elegir los detalles de la edición (packaging, cantidad de réplicas), por eso es que los CDs pertenecientes a nuestro catálogo son distintos entre sí.

En líneas generales, casi todos los músicos que graban en KUAI son muy jóvenes y parecen tener referentes relativamente comunes. ¿Es así? ¿Podrías enumerarlos?
–Sí, de hecho la creación de KUAI MUSIC tiene su origen en el hecho de que vemos a una generación de músicos de jazz que viene trabajando con firmeza desde hace años y estaba haciendo falta un espacio desde donde difundir con mayor eficacia todo ese esfuerzo. Hay un vínculo muy cercano entre todos los artistas del sello, y la idea es que aquel que visite el sitio web pueda llegar a conocerlos a todos con rapidez. Queríamos reflejar a través del sello esa conexión musical y extra-musical que tenemos.
Los artistas que hasta ahora han editado su disco a través de KUAI MUSIC son: Santiago Leibson, Miguel Crozzoli, Damien Poots, Fran Cossavella, Mauricio Dawid, Juan Bayon, Francisco Slepoy, Paula Shocron, Tomás Fares, Carlos Quebrada, Juani Méndez, Matias Suarez, Ramiro Franceschin, Pablo Díaz y Bruno Delucchi. Muy pronto saldrá el nuevo disco de la cantante Jazmín Prodan, el del guitarrista Juan Pablo Hernández y el del contrabajista Leonel Cejas.

La mayoría la música está fundamentalmente compuesta por los líderes de los distintos proyectos. ¿Por qué se inclinaron por este tipo de material y dejaron afuera el material standard?
–La identidad del sello apareció sola: en el momento en que decidimos juntarnos con Fran y Damien para desarrollar el proyecto, nuestros discos eran de música propia y ninguno había grabado standards. Luego aparecieron los discos de Juan Bayon, Miguel Crozzoli, Francisco Slepoy, Santiago Leibson…y alguno que otro tenía una versión de Thelonious Monk, Ornette Coleman o Andrew Hill, pero ninguno había puesto el foco en los standards a la hora de armar el disco. No es que tengamos algo en contra de los standards, de hecho casi todos tenemos una actividad musical que gira en torno de ellos, pero justo nos topamos con que había muchísima música escrita que valía la pena editar y difundir.


martes, 25 de noviembre de 2014

Henri Texier, homenajeado por Minton's

Así dice la publicidad oficial: "Fueron más de 90 mil personas las que disfrutaron de los 71 conciertos y 320 artistas que, a lo largo de seis jornadas en 5 Sedes ubicadas en diversos puntos de la Ciudad, integraron la programación de una nueva edición del Buenos Aires Jazz – Festival Internacionalorganizado por el Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y con dirección artística de Adrián Iaiesy que incluyó la presentación de artistas internacionales por primera vez en escenarios porteños, cruces inéditos entre músicos extranjeros y locales, conciertos acústicos, gran cantidad de actividades gratuitas y al aire libre y encuentros pedagógicos que ofrecieron oportunidades únicas a músicos de jazz en constante formación". Y es cierto que algunos de los conciertos que se vieron fueron para la memoria. Por ejemplo, el de Henri Texier, quien recibió un pequeño homenaje por parte de la gente de Minton's, cuando recibió a modo de obsequio una de las botellas de la última edición de uno de los vinos embotellados y etiquetados para la disquería. Y para aventar dudas, aquí está la foto de ese momento:
De izquierda a derecha, Eduardo Canzobre, Adrián Iaies, Henri Texier, Guillermo y Sofía Hernández y Jorge Fondebrider




Y en homenaje a Texier, que es francés como Asterix, los amigos de Minton's realizaron un banquete. Dada la ausencia de jabalíes, se recurrió a la pizzería Banchero de la Boca, donde todo el mundo se comportó bien y pagó lo que debía.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Hoy empieza el Buenos Aires Jazz 2014

Pat Martino
Hoy empieza el festival Buenos Aires Jazz de este año. El encuentro, dirigido por Adrián Iaies, continuará hasta el lunes con invitados como Henri Texier y Macin Wasilewski. A continuación, una síntesis de algunos de los números más interesantes, publicada por Diego Fischerman en Página 12 del día de hoy.

  En la línea de los cruces desafiantes 

Su historia es de las que fascinarían a Hollywood. Podría titularse El hombre que volvió a ser guitarrista. Pat Martino publicó en el sello Blue Note un primer disco llamado El hombre, en 1967. Llamaba la atención su virtuosismo y la claridad de su fraseo. Nueve años después, ya con una considerable carrera detrás, Joyous Lake, editado por Atlantic y bastante virado hacia el jazz-rock y el funky, se convertía en una referencia obligada en ese campo. Hubo un disco más, también en 1976, Starbright. Y después un largo hiato. Un silencio de una década hasta que apareció un álbum con un nombre explícito: The Return

Un aneurisma y la operación que le salvó la vida habían dejado a Martino sin memoria alguna. Y durante diez años volvió a estudiar desde cero, en gran parte escuchando sus propios discos, y se convirtió, de nuevo, en uno de los mejores instrumentistas del jazz. En aquel lejano primer disco aparecía el órgano Hammond, tocado por Trudy Pitts. Y en el grupo con el que este músico notable abrirá el Festival de Jazz de Buenos Aires, este instrumento al que muchos guitarristas aman –baste pensar en los tríos de Wes Montgomery y de Kenny Burell con Jimmy Smith, de Grant Green, con Brother Jack McDuff o, más cerca, de McLaughlin con Joey DeFrancesco o de Abercrombie con Dan Wall y, recientemente, con Gary Versace– tendrá un papel protagónico. En el concierto, hoy a las 20.30 en la Usina (Pedro Mendoza y Caffarena), Martino actuará junto a Pat Bianchi en órgano y Carmen Intorre en percusión. 

Henri Texier
El festival, conducido por el músico Adrián Iaies, continuará con su línea de provocar cruces desafiantes entre músicos extranjeros y argentinos, entre intérpretes de corrientes distintas entre sí y, también, entre géneros. Martino no será la única estrella. El sábado estarán en un doble programa (en la Usina y a las 20.30) el fantástico quinteto del contrabajista francés Henri Texier, una de las figuras tutelares del jazz europeo de las últimas décadas y uno de los grupos más importantes del momento, el camarístico trío del pianista polaco Macin Wasilewski. 

El primero de estos grupos está integrado, además, por Sebastien Texier en saxo alto y clarinete, François Corneloup en saxo barítono, Manu Codjia en guitarra y Louis Moutin en batería. El segundo lo completan los compañeros habituales de Wasilewski, sus compatriotas Slawomir Kurkiewiz en contrabajo y el baterista Michal Miskiewicz. El trío, que acaba de publicar en ECM un disco bellísimo, Spark of Life, con el saxofonista sueco Joakim Milder como invitado, muestra un entendimiento casi sobrenatural entre sus integrantes: tocan juntos desde sus años de estudiantes y han sido parte, entre otros, de los grupos del trompetista Tomasz Stanko y del percusionista Manu Katché. 

Giovanni Guidi y Gianluca Petrella
Entre los cruces más interesantes aparece el que se generará entre el pianista Francisco Lo Vuolo y el baterista Nicolás Politzer con Sebastian Texier, François Conteloup y el danés Dahl Knudsen (viernes 21 a las 22 en Thelonious, Salguero 1884). También prometen las actuaciones del cuarteto del baterista Eloy Michelini, integrado por Carlos Lastra en saxo, Ernesto Jodos en piano y Jerónimo Carmona en contrabajo, haciendo foco en la música de John Coltrane (jueves, a las 21, en la Usina); de Leo Genovese, que tocará con el trío que integran Demian Cabaud y Aleksandar Petrov; del trombonista Gianluca Petrella, que se presentará con el excelente pianista Giovanni Guidi, Matías Crouzelles en batería y Maxi Kirszner en contrabajo (domingo 23, a las 22, en Café Vinilo, Gorriti 3780). 

Ed Neumeister
Por otra parte, actuarán juntos dos grandes pianistas, Jorge Navarro y Manuel Fraga, presentando el disco Viva el swing, y varias cantantes de importancia: Sol Liebeskind, Georgina Díaz, Julia Moscardini y Agustina Zárate al frente de su cuarteto Jamal. La sección Proyectos Especiales permitirá descubrir cuatro voces –la entrerriana Flopa Suksdorf, la rosarina Yamile Baidón y las porteñas Mariana Iturri y Lucía Boffo– y mostrará el trabajo de los alumnos de la carrera de Jazz del Conservatorio Manuel de Falla, junto al norteamericano Ed Neumeister, que tocó con las orquestas de Duke Ellington, Mel Lewis, Lionel Hampton y Frank Sinatra. Se realizará en el Auditorio de la Usina, el jueves 20 a las 18, la presentación del Sello Kuai, exitosa experiencia cooperativa llevada adelante por un grupo de jóvenes compositores e intérpretes que dará a conocer tres flamantes discos: los de Juan Manuel Bayón, Mauricio Dawid y el Juani Méndez. La talentosa Nora Sarmonia, que se mueve habitualmente con el folklore rural (o alguno de sus gestos) como punto de partida, presentará un trabajo de relectura sobre Thelonious Monk (viernes a las 18, la Usina). Y el cierre, en esa sala, pero el lunes 24, a las 20.30, también tendrá el signo de un encuentro inusual: el del Trío Aca Seca con el quinteto de Diego Schissi.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Los músicos recomiendan (7): hoy, Guillermo Roldán y los tríos de Sonny Clark, Paul Chambers y Philly Joe Jones, y Charlie Haden, Don Cherry y Ed Blackwell

Nuevamente, un músico de jazz argentino recomienda un disco (que en este caso son dos) de la historia del jazz. En la oportunidad, el que elige es el bajista Guillermo Roldán.

Elijo dos discos en formacion de trio. Son de aquellos que disfruto de principio a fin y que, siempre, me cautivan. 




Uno es Sonny Clark, un disco en trío con una sección rítmica que inclñuye a Paul Chambers y a Philly Joe Jones. Standards con una interacción y swing impresionantes.Chambers y Philly Joe fluyen por toda la sesión. Y los solos de los tres me encantan (motívicos, espaciosos...). 

El otro disco en cuestión es The Montreal Tapesde Charlie Haden con Don Cherry y Ed Blackwell. Todo, absolutamente todo lo que tocan me fascina. Haden es uno de los artistas que más impactó en mi vida. Cada nota que toca, como sección rítmica o como solista, tiene sentido. Las composiciones sobre las que improvisa el trío (la mayoría de Ornette) se abren constantemente. No hay un cliché, jamás. Los solos de Haden son una mamushka, siempre se abren en una nueva canción y retoman de donde vienen para volver al concepto que muestra el tema en cuestión de donde se proyectó.

martes, 11 de noviembre de 2014

La música en su estado más libre y puro

En el diario Página 12, del día de hoy, Diego Fischerman realiza la crónica de lo que fue el Festival de Jazz de Salta, que acaba de concluir su segunda edición consecutiva. Sabemos que no le faltó el tiempo para comer empanadas.

Ciudad que enamora a los jazzeros

“Dorotea la cautiva” junto al Art Ensemble of Chicago. O una coplera en inquietante contrapunto con unas canciones gitanas. “Salta enamora”, dice la muletilla publicitaria. Y algo de eso debe ser cierto. El Festival de Jazz de esta ciudad, que concluyó el domingo su segunda edición consecutiva, se destaca precisamente por eso: por la fascinación que la tradición local ejerce en los músicos que llegan de afuera. Pero, sobre todo, por el altísimo nivel de los que viven acá y por la manera en que unos y otros interactúan. Y si faltara alguna prueba, además de la equilibrada programación “oficial”, bastaría con lo sucedido noche a noche en las improvisaciones informales. Ese espacio tantas veces forzado y tan pocas capaz de concitar el interés del oyente fue, en esta ocasión, el marco natural para encuentros inesperados y para más de un gran momento musical.

Yamile Burich
Por un lado, hay una suerte de círculo virtuoso: los organizadores aman el jazz, tienen una larga trayectoria como músicos, en el ámbito del periodismo o al frente de la que fue, de hecho, la sede paralela del festival, el Café del Tiempo, y el Ministerio de Cultura y Turismo puso todo lo necesario para que el deseo se transformara en hecho. Por otro, el ambiente musical de la ciudad es de una riqueza inusual. Y allí aparecen el notable baterista Martín Misa y Juan Pablo Mayor, percusionista y trompetista de la orquesta, respectivamente, que animan una gran parte del jazz local y que se hicieron presentes en trío, junto al bajista Fernando “Fefe” Botti, el fantástico baterista Chinato Torres (al frente de Chino Básico y protagonizando varias de las improvisaciones fuera de programa), el legendario guitarrista Pekinés Lamas, quien al frente del grupo Niebla es capaz de entregar iluminadoras versiones tanto de Monk como de la “Zamba del pañuelo”. O el contrabajista Matías Saluzzi, o Fernando Nocetti, un guitarrista de exquisito virtuosismo, y el también guitarrista Walter Guzmán. Y hubo también repatriados, como la saxofonista Yamile Burich, nacida en la provincia, formada en Estados Unidos y en Londres y actualmente incorporada a la escena porteña. O afincados recientes, como Mariana Baraj, actualmente radicada en Cerrillos, que cantó invitada por el cuarteto de Mariano Otero.

Otro dato relevante tiene que ver con la parte menos visible del festival: los más de quinientos asistentes a los talleres que los músicos convocados dieron en la ciudad. Y, obviamente, en el momento de hacer balance mal podría no tenerse en cuenta la respuesta del público, que llenó cada noche la sala de la Casa de la Cultura, que agotó las entradas para oír a la Sinfónica conducida por Bernardo Teruggini, y que protagonizó una auténtica fiesta callejera en el cierre, con el grupo de Otero actuando en un escenario al aire libre. El bajista mostró una faceta más lírica, centrada en el formato de lo que podría considerarse como la encarnación jazzística de la canción sin palabras del romanticismo alemán, y fue protagonista de un digno broche de oro.

Mariana Carrizo
Varios de los grupos actuaron en otras localidades –Cachi, Cafayate y Vaqueros– y cabe destacar, también, el rigor y la falta de concesiones de una programación que no tuvo reparos en incluir propuestas estéticamente arriesgadas, como la del trío del saxofonista Pablo Puntoriero con el contrabajista Pablo Vázquez y el baterista Santiago Lacabe. Burich, por su parte, actuó junto a un grupo energético y compacto, con Ramiro Penovi en guitarra eléctrica, Alfonso Santini en contrabajo y Nicolás Segura en batería. Y el inclasificable y siempre sorprendente Leo Genovese, con Demian Cabaud en contrabajo y el deslumbrante baterista macedonio Aleksandar Petrov, mostró no sólo su impactante control sobre el piano, sino una concepción musical en la que cabe casi todo –también la coplera Mariana Carrizo, que actuó como invitada– y donde “Cheques”, de Spinetta, puede coexistir con un pie rítmico iraquí, con un instrumento de cuerda marroquí o, simplemente, con la música en su estado más libre y más puro.


miércoles, 22 de octubre de 2014

Shocron, Jodos y Iaies en un ciclo especial de pianistas en Lomas de Zamora

Complejo Cultural Banfield Teatro Ensamble

Ciclo Jazz Ensamble. 
Especial pianistas

El ciclo Jazz Ensamble cierra su temporada 2014 junto a tres reconocidos pianistas argentinos que presentan sus últimos trabajos discográficos. Auspiciado por pianos  Bluthner.

2/11, 21 hs. Paula Shocron. Piano solo.




9/11, 21 hs. Ernesto Jodos. Piano solo.



16/11, 21 hs. Adrián Iaies dúo (con Juan Bayón)




Bono: $ 80 / estudiantes y jubilados $ 60
* * *
Complejo Cultural Banfield Teatro Ensamble 
Larrea 350, Lomas de Zamora 
Informes 4392-2011 / 4243-0928 
Reservas www.teatroensamble.com.ar 
banfield@teatroensamble.com.ar


martes, 16 de septiembre de 2014

Ernesto Jodos tiene nuevo disco para noviembre


Publicada sin firma en Clarín, del 16 de septiembre, una entrevista con Ernesto Jodos, donde se anticipa el material de su próxima disco de piano solo.

“Tengo que seguir estudiando”

Una atmósfera de sencillez se respira en la casa del pianista Ernesto Jodos, un artista fiel a su propia experiencia y que viene construyendo su camino sobre dos principios: talento y trabajo. Acaba de terminar su segundo disco de piano solo, aún sin título, que saldrá en noviembre por el sello Blue Art, de Rosario. “Fue un proyecto que venía postergando hasta que dije: es el momento. Y me siento conforme con la música grabada. Fue una experiencia interesante porque no hice standards, si no cinco composiciones mías y cinco piezas improvisadas”, señala el pianista a Clarín.

“La grabación fue en la casa del pianista clásico Alexander Panizza. Se armó un estudio de grabación muy prolijo y además tiene dos pianos. Eso también colaboró para la fluidez de este trabajo”, añade. Mientras desde lo alto de la discoteca vigilan dos Premios Gardel, ganados por el tributo a Lennie Tristano y por Jardín seco, ambos grabados para Sony.

Son pocos los músicos que hacen un disco de piano solo sin recurrir a los standards.

Ya lo hice en mi primer disco. No me resulta interesante invertir dinero en grabar standards. Sentía también que no tenía mucho que decir con ese material. No ahora; en cambio quería desarrollar algunas ideas sobre composiciones propias que, incluso, venía haciendo con el cuarteto y encontré que sonaban bien con el piano. Tienen algo “cancionístico” y que ayuda a la hora de ser tocadas.
¿Qué discos de piano solo son tus preferidos?

De años atrás nombraría cuatro Facing You, de Keith Jarrett; Open, to Love, de Paul Bley y las Improvisations I y II, de Chick Corea, todos editados por ECM. Creo que estos artistas cambiaron el enfoque sobre el piano solo. De los recientes, encuentro dos, el de Aaron Sparks y el de Craig Taborn.

Sobre su tarea como compositor explica que no desarrolla una rutina. “Todos tenemos tiempos distintos y no soy de sentarme diariamente a escribir. Es por momentos, por días, por épocas”.

Con catorce discos editados, Jodos es uno de los referentes que tiene el jazz en la Argentina y su música parece sonar algo adelante en la escena local. “Por un lado están los standards, que es un material siempre interesante para tocar e investigar. Sin embargo, mis preferencias están orientadas a escribir música original. Se podría decir que intento componer música en la cual las improvisaciones no se separen de la parte escrita, que tengan una relación absoluta una con otra”, expresa el pianista autor de la música del documental de Julio Cortázar Esto lo estoy tocando mañana, recientemente, estrenado en La Usina del Arte.

Pregunta ineludible. ¿Cómo sentís que está la escena actual?
–En términos musicales está muy bien, aunque hay escasos lugares para tocar.

¿Participás de jam sessions?
–No. Más bien hay sesiones en casas con colegas y nuevos músicos que van surgiendo y que vienen con sus propias ideas. Una de las clásicas sesiones es hacer standards en tonalidades incómodas y métricas diferentes, pero también alguien lleva música original para hacerla. Aparecen músicos muy interesantes en estas reuniones. Es muy formativo.

¿Y de esos encuentros cuáles son tus conclusiones?
–Que tengo que seguir estudiando.


jueves, 28 de agosto de 2014

Los músicos recomiendan (6): hoy Florencia Otero y Charles Mingus

Una vez más una ínterprete argentina recomienda un disco entre todos los discos de la historia del jazz. Florencia Otero reivindica aquí al Charles Mingus de  Mingus Ah Um 


"Espiritual, emotivo y potente"


Un disco que me conmueve y que tiene un nexo con la música de Joni Mitchell es Mingus Ah Um. Me parece un fundamental en cuanto a lo vanguardista e inusual de la instrumentación y me conmueve lo viva que se escucha la tradición negra a lo largo de todo el trabajo. Es espiritual, emotivo, potente y reivindica las raíces más profundas del jazz. Por eso lo elijo.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Fischerman, en vísperas del concierto de Chick Corea


Esta noche se presenta Chick Corea en Buenos Aires, con su nueva banda The Vigil.  Lo que sigue es la entrevista que Diego Fischerman realizó con él y publicó hoy en el diario Página 12.





“Mi ‘secreto’ es siempre ser un estudiante”

Es uno de los grandes pianistas de la historia del jazz. Uno de los pocos –y tal vez uno de los últimos– que crearon lenguajes y cuyos rastros pueden ser seguidos en varias generaciones de sucesores. Chick Corea, después de su debut en 1962, con Mongo Santamaría y Willy Bobo, a los 21 años, y de su paso por los grupos de Blue Mitchell, de Herbie Mann y de Stan Getz, tuvo uno de los comienzos como líder más espectaculares que puedan imaginarse, con dos discos que quedaron para siempre como clásicos del género: Tones for Joan’s Bones, de 1966, y con Woody Shaw en trompeta, Joe Farrell en saxo y flauta, Steve Swallow en contrabajo y Joe Chambers en batería, y Now He Sings, Now He Sobs, de 1968, en trío con Miroslav Vitous en contrabajo y Roy Haynes en batería.

Después llegaría su fundamental pasaje por el grupo de Miles Davis, el Return To Forever acústico y latino de los comienzos y el que luego encarnó la versión más furibunda, eléctrica y compleja del jazz rock; la Elektric o la Akoustik Band; el mejor free con Circle y el trío ARC; los dúos con Herbie Hancock o con Gary Burton; las revisitas a sus propias invenciones; y más discos, muchos, tan distintos entre sí, dignos de cualquier antología: Friends, The Leprechaun, Three Quartets, The Griffith Park Collection, Voyage, los dos volúmenes de Improvisations, ARC, Again and Again, Crystal Silence, Romantic Warrior, Children Songs y el reciente Portraits, en piano solo (que acaba de ser publicado también en la Argentina). Parafraseando el título de una vieja colección de literatura infantil, bien valdría la apelación “elige tu propio Chick Corea”. Sin embargo, tal diversidad estilística no es tal. Siempre –como en Igor Stravinsky, otro transformer– se escucha allí al mismo creador. Y, además, ha logrado un estilo propio y absolutamente reconocible, aun en los usualmente impersonales teclados electrónicos.

“Cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de vivir de acuerdo con los estándares que se ha fijado para sí mismo –reflexiona en diálogo con Página/12–. Demasiados acuerdos con ‘tendencias’ y ‘estilos’ merman la posibilidad de que las nuevas ideas surjan. Poner el propio estándar bien alto es el primer paso; pero el próximo paso es igualmente importante, o tal vez aún más. Hay que llevar las propias intenciones a través de ese estándar y no volver atrás por barreras o detenciones. Uno puede llamarlo ‘integridad artística’ o sólo simple ‘persistencia’. Pero, en cualquier caso, creo que esa podría ser la cualidad de individualidad en el jazz.”

En una entrevista con este diario, el pianista Stefano Bollani, que tocó a dúo con Corea, comentaba que lo que más le había llamado la atención era la relación del pianista con el estudio. El hecho de que siempre, aun siendo ya un músico absolutamente consagrado y con una técnica consumada, cada vez que lo encontraba o hablaba con él lo encontraba estudiando. El propio Corea se refiere a ello, mientras habla de lo que le dejó haber tocado con Miles Davis, Stan Getz o Anthony Braxton, y, de paso, brinda una suerte de posible enseñanza: “Mis logros han sido siempre el resultado de seguir mis intereses verdaderos o de permitirme a mí mismo estar interesado en lo que verdaderamente me interesa, y entonces ir más allá y aprender más acerca de ello, incrementando mis habilidades gradualmente mientras hago ese camino. Mi ‘secreto’ es ser siempre un estudiante y no el maestro que otros asumen que soy. Siempre he hecho todo lo posible por encontrar la compañía de artistas y músicos de gran habilidad y, trabajando para ellos o con ellos, observar cómo ellos logran hacer lo que hacen y aprender a aplicarlo en mi propia vida. Esa manera de actuar, pensar siempre qué es lo que se puede aprender de cada situación creativa, siempre ha funcionado bien para mí”.

Chick Corea es posiblemente el músico de jazz extranjero que más veces ha visitado la Argentina. Y la mayoría de las formaciones con las que ha tocado en las últimas décadas han actuado aquí, desde el fantástico dúo con el vibrafonista Gary Burton, y su Elektric Band, hasta eclécticos grupos como aquel de 1996 en el que participó en un homenaje a Piazzolla y, más recientemente, en 2012, con “Forever”, la versión acústica, con Stanley Clarke en contrabajo y Lenny White en batería, de aquel Return To Forever que cambió a un tiempo los límites del jazz y del rock (y que tan influyente resultó aquí para músicos como Luis Alberto Spinetta y Charly García). Hoy, el pianista volverá a actuar en Buenos Aires (en el Gran Rex, Corrientes 857, a las 21) y lo hará con su último proyecto, The Vigil. “Nuevas botellas, vino añejo”, había titulado Gil Evans uno de sus discos más importantes, y algo de eso hay en este grupo, donde la sonoridad remite a Return To Forever, pero la música suena con originalidad y frescura. Integrada por Marcus Gilmore en batería (incidentalmente, se trata del nieto de Roy Haynes), Hadrien Feraud en bajo, Tim Garland en saxo y el guitarrista Charles Altura, la banda se presentará en el Gran Rex. “No elijo tanto los sonidos como los músicos con los que hacer música. No es diferente con mi nueva banda”, dice el pianista. “Estos jóvenes músicos me inspiran. Aprendo de ellos cada noche, mientras viajamos y tocamos. De esa manera, todo se conserva fresco y lleno de vida.”

Con 73 años, Corea pertenece a la misma generación que el guitarrista John McLaughlin, esa que, hace unos cuarenta y cinco años, desde los grupos con los que Miles experimentó con instrumentaciones electrónicas y en sus posteriores ramificaciones, cambió masivamente el sonido y la concepción de la composición en el jazz. Una mirada apresurada podría hacer pensar que en el tiempo transcurrido desde aquellas revoluciones –y desde épocas en que se creía en las revoluciones– no ha sucedido demasiado. Y que todo sigue en las mismas viejas y sabias manos. “El mundo de la música está vivo y en buenas manos”, opina Corea. “Los músicos jóvenes y los nuevos artistas están creando cosas nuevas en todo el mundo y todo el tiempo. Lo que sucede es que nuestros sistemas sociales se han alterado y probablemente han cambiado para peor. La música es un fenómeno social; siempre lo ha sido. Y el espíritu de la creatividad está vivo en nosotros. El verdadero problema, pienso, es cuán amigable resulta el medio ambiente para permitir que esa creatividad florezca. Entonces, me parece, el jazz, o cualquier actividad creativa, está ‘en manos de’ todos los que creamos sociedades y ecosistemas culturales. Y cuantos más de nosotros creemos y participemos del mundo de las artes, más saludables serán los ecosistemas y más placenteras serán nuestras vidas.”

Entre los múltiples intereses musicales de Chick Corea apareció en algún momento el tango y, en particular, la obra de Astor Piazzolla. Parte de la responsabilidad fue de Gary Burton, quien muy joven, como bajista del cuarteto de Stan Getz, llegó a Buenos Aires en 1964 y compartió escenario con el formidable quinteto del bandoneonista. A partir de ese momento, se hacía mandar cada disco de Piazzolla y se convirtió en un auténtico fan. En los discos de Burton en dúo con Corea –una relación virtuosa que comenzó con el disco Crystal Silence, editado por ECM en 1972– aparecen las huellas de Piazzolla en más de un momento. “El gran Astor Piazzolla abrió muchas puertas musicales para mí”, dice Corea. “Y muchos músicos fueron conmovidos por su obra y por la inteligencia emocional de sus composiciones. Siempre tuve un interés muy especial por su música y ese interés se incrementó cuando me pidieron que escribiera tangos para una película. Al final, por mi propia recomendación, para ese film usaron tangos clásicos, pero el proyecto me permitió investigar mucho más profundamente en Piazzolla y en el tango.”

Pero el gran cruce musical de Corea fue con el flamenco en general (que influyó discos como My Spanish Heart, por ejemplo) y Paco de Lucía en particular (con quien tocó en el disco Zyrab). “Paco era un fenómeno artístico –recuerda el pianista–. El ayudó a que naciera una importante conexión entre el jazz y su propia tradición del flamenco. Fui afortunado al ser parte de ello, al convertirme en amigo de Paco y aprender muchísimo de él en cuanto a su relación con la música. En nuestros numerosos y preciosos proyectos conjuntos, me sentí muy fuertemente inspirado por Paco y la profundidad de su expresión. Le debo muchísimo.”


lunes, 18 de agosto de 2014

Un anticipo de la nueva visita de Chick Corea a la Argentina



Publicada en el diario Clarín, del 18 de agosto pasado, la siguiente entrevista entre Federico Monjeau y Chick Corea es un anticipo de la próxima visita del pianista a la Argentina.




“Mi misión es promover la libertad individual”

Nacido en Chelsea, Massachussetts, en 1941, el pianista y compositor Chick Corea forma un capítulo fundamental del jazz moderno. Entre 1968 y 1970 integró el quinteto de Miles Davis; en 1971 formó Circle (notable cuarteto de vanguardia completado por Dave Holland, Barry Altschul y Anthony Braxton) y grabó dos volúmenes de improvisaciones en piano solo para ECM que forman una de las grandes joyas de todo el jazz; en 1972 abrió la senda del jazz rock con Return to Forever; en 1976 renovó los lazos entre el jazz y la música española con el encantador My Spanish Heart. Su enorme discografía excede el campo del jazz, para incluir incursiones como dúos con el pianista clásico Friedrich Gulda y una formidable ejecución del Concierto para dos pianos K. 365 de Mozart junto con Keith Jarrett, mientras que sus Children Songs constituyen una exquisita extensión de Bela Bartok.

Ahora el músico vuelve a la Argentina para presentar su nuevo álbum The Vigil, con nueva banda y nuevas composiciones.La gira coincide con el flamante lanzamiento local de Portraits (Universal), de nuevo en piano solo, con standards, composiciones propias, reelaboraciones de piezas de Bartok y Scriabin y unos curiosos retratos musicales improvisados en salas de Cracovia, Vilnia, Casablanca e Easton (Maryland), con personas del público que aceptan subir al escenario y posar para estas breves pinceladas musicales.

“Ese es un juego que yo solía prácticar en casa con mi tío, con mi hijo o con amigos, y que todavía de vez en cuando hago”, cuenta el músico en conversación telefónica con Clarín. “Invento una pequeña melodía para describir su estado de ánimo y resulta bastante divertido”.

–¿Usted siempre necesita alguna imagen –objetiva o mental– como punto de partida para la improvisación?
No siempre. A veces puede ser algo más abstracto: un sonido o el recuerdo de un sonido; un acorde, dos notas. En el caso de losPortraits, no lo pienso mucho. Invito a una persona a subir al escenario y le pido que se siente en una silla cerca del piano. Le digo “hola”, le pregunto su nombre. Me dice “María”, por ejemplo, y ahí yo comienzo a crear una melodía como si estuviese pintando un retrato.

–Viendo el cuadernillo del disco, ¿le gusta mucho pintar y dibujar?
Es un hobby que me relaja. No son dibujos de Salvador Dalí, como usted habrá visto, pero es algo que me divierte hacer.

–Volviendo al tema de la improvisación, ¿cuál es la diferencia entre improvisar solo, como en su disco, e improvisar en grupo, como lo hará aquí con su banda?
Cuando estoy solo en la escena no hay ninguna otra influencia musical. Mi comunicación con la audiencia es muy directa, íntima. Con la banda es una conversación que viene y va. El pintor trabaja solo, el escritor también, pero el músico, en el caso del grupo de jazz, es hacer algo juntos en el instante mismo de la música.

–Usted siempre mantuvo una relación intensa con el repertorio clásico. ¿Qué piensa que puede darle usted como músico de jazz a un Concierto de Mozart, por ejemplo?
Nunca lo pensé en esos términos. Toco lo que me interesa, sin pensar en el efecto que esto pueda tener en la vida del repertorio clásico. Toco los autores que han significado una gran inspiración en mi vida como músico.

–Además de Mozart y Bartok, ¿qué toca con más frecuencia?
Voy cambiando, Bach está siempre, por supuesto. Pero últimamente me gusta mucho tocar en público alguna balada de Chopin o preludios de Scriabin.

–¿Cómo ve la escena actual del jazz en los Estados Unidos? Da la impresión de que el panorama es un poco más conservador que veinte o treinta años atrás, ¿no?
Todo es más conservador que veinte o treinta años atrás. El mundo se está volviendo cada día más maquinal y la individualidad de los artistas y de la creación, algo cada vez menos importante. No es así para la personas, pero sí para las instituciones. Es el modo en cómo la sociedad está evolucionando en un sentido más mecánico, y la música no está libre de eso.

–¿Y cuál es su posición como músico al respecto?
Cómo decirlo... mi misión es promover la libertad. La libertad individual. Quiero mantener la tradición de la improvisación y el contacto inmediato con la audiencia. Creo que eso es lo mejor que yo puedo ofrecer como artista.

–¿Qué podría decirme de su nueva banda?
Que tiene un fuerte toque latino y que está inspirada en la diversidad. Hay un bajista cubano, Carlitos del Puerto, y un percusionista venezolano, Luisito Quintero, y las conexiones con la música latinoamericana y el flamenco son muy estimulantes para mí. En la banda todo eso conecta con la tradición del jazz de Nueva York: Marcus Gilmore, el baterista, es nieto del gran Roy Haynes (también baterista). Charles Altura es un brillante guitarrista de California, mientras Tim Garland es un saxofonista y compositor que viene de Londres. Creo que esta diversidad le da una gran fuerza a la banda.


viernes, 15 de agosto de 2014

Los músicos recomiendan (5): hoy Ada Rave y John Coltrane, Ornette Coleman y Eric Dolphy

Quinta entrega de los discos que los músicos de jazz argentinos recomiendan como importantes para su formación. En la oportunidad, la saxofonista y compositora Ada Rave envía su respuesta desde Amsterdam.

"Un camino expresivo mas libre y experimental"

Hay tres discos que han creado en mi un punto visagra en mi vida, un fuerte punto de inflexión en mis decisiones y emociones, tres discos que hoy continuo escuchando y a los que le he tratado de sacar todo el jugo que he podido, tocando encima de ellos y cantando y tocando sus melodías y solos, y emocionándome hasta la médula. 

El primero me ha hecho decidir en la adolesencia de que queria dedicarme a tocar jazz, y el segundo y tercer disco, ya cuando comenzaba a tocar en la escena de jazz de Buenos Aires, me han impulsado a continuar por un camino expresivo mas libre y experimental dentro del jazz y/o rozando también sus bordes. Hoy en día puedo decir que es difícil encasillar la música, a la que dedico todo mi tiempo en explorar, entre estos limites que he demarcado"



El primer disco: Coltrane (Impulse!) by John Coltrane, 1962.



El segundo disco: The Shape of Jazz to Come by Orentte Coleman, 1959



El tercer disco: Out To Lunch, by Eric Dolphy, 1964

miércoles, 13 de agosto de 2014

Los músicos recomiendan (4): hoy, Eloy Michelini y Elmo Hope como excusa para Philly Joe Jones

Cuarta entrega de los discos que los músiocos argentinos recomiendan. Eloy Michelini, acaso uno de los más conspicuos melómanos que existen entre los músicos de jazz, además de fantástico baterista, se inclina por un clásico de Elmo Hope.




Una cuestión de swing


El disco que elijo no es el mejor que tengo, sino el que estoy escuchando estos dias, Se trata de Here´s Hope, de Elmo Hope con Paul Chambers y Philly Joe Jones.

No hay mucho que decir. Primero que nada, tiene lo más importante SWING, Luego la originalidad de los temas y la interpretación de Hope son un universo aparte, algo parecido a lo que sucede con Herbie Nichols, Por último, y lo más importante, ¡toca Philly Joe!

sábado, 19 de julio de 2014

"Soy el saxofonista del cuarteto de Brubeck. Pueden reconocerme porque cuando no toco, lo que ocurre a menudo, aún sigo allí, apoyado en el piano"

Publicada el 18 de junio pasado en su blog Fischerman’s Tales, la siguiente columna de Diego Fischerman trata sobre Dave Brubeck y Paul Desmond, con especial énfasis en este último.

Martini seco

Dave Brubeck, se cuenta, empezó a tocar jazz por consejo de un compositor “clásico”, Darius Milhaud, que le daba clase en el Mills College. Paul Breitenfeld, más conocido como Desmond, un apellido que eligió al azar en la guía telefónica, era un graduado universitario en Lengua Inglesa que, según sus palabras, abandonó la literatura “porque sólo era capaz de trabajar en la playa y no dejaba de entrarme arena en la máquina de escribir”. Y, también, un saxofonista que aseguraba haber ganado “varios premios al saxo alto más lento del mundo, así como un galardón especial al silencio en 1961”.

No era su única frase genial. “Pasé de moda antes de que nadie me conociera”, aseguraba. Y definía: “Creo que de forma inconsciente quería sonar como un martini seco”. Brubeck y Desmond no siempre tocaron juntos y el pianista lo sobrevivió treinta y cinco años. Pero, por algún motivo, cuando se habla de uno de ellos es inevitable hacerlo también del otro. Y hasta el tema más célebre de Brubeck es, por supuesto, de Desmond: ese “Take Five” que utilizó un compás de cinco tiempos en el jazz y que convirtió al disco que lo incluía, Time Out, en el máximo hit de la historia del género. "Nunca pensé que un solo de batería se haría tan famoso", fue la conclusión de su autor.

“Soy el saxofonista del cuarteto de Brubeck –decía Desmond–. Pueden reconocerme porque cuando no toco, lo que ocurre a menudo, aún sigo allí, apoyado en el piano.” Empezó a tocar con Brubeck en 1946, integrando un octeto modernista donde ya estaban inscriptas muchas de las obsesiones estéticas del pianista: el uso de acentuaciones irregulares (y nada usuales en el jazz), de la politonalidad, a la manera de Milhaud, y de formas provenientes de la tradición académica, como la fuga. Luego, hasta 1967, integró de manera estable el famoso cuarteto, al que más adelante regresó de manera esporádica. La disolución del grupo también fue objeto, obviamente, de su humor implacable: “Estamos trabajando como si el grupo estuviera pasando de moda, cosa que por supuesto está ocurriendo”, dijo. Una de las últimas colaboraciones entre Desmond y Brubeck fue el notable disco The Duets, de 1975. En 1976 volvió a conformarse el cuarteto, conmemorando los veinticinco años de su fundación. Y en 1977, antes de cumplir 43 años, Desmond murió de cáncer de pulmón. Su comentario ante el diagnóstico había sido el festejo público por lo bien que estaba su hígado de bebedor de whisky: “Impoluto, perfecto, uno de los grandes hígados de nuestra era. Bañado en Dewars y rebosante de salud”.


Entre la abundante producción del cuarteto se destaca el período en que grabó para el sello Columbia. Uno de esos discos, Jazz Impressions of Japan, de 1964 y grabado después de una de las numerosas giras a lugares a los que ningún otro grupo estadounidense llegaba, desde Polonia a Australia pasando por el Lejano Oriente, incluye una de las piezas más perfectas –y más bellas– de todo el jazz. Titulada “Rising Sun” y compuesta por Brubeck, allí puede encontrarse la quintaesencia del estilo de Desmond, tal vez el único saxo alto más cercano a Lester Young que a Charlie Parker. El melodismo de ese sonido puro, cristalino, la facilidad para desarrollar las posibilidades armónicas de una melodía y para llevarla, con la máxima naturalidad, a los lugares más insospechados, la imaginación para subdividir rítmicamente de maneras sorprendentes y jamás sobreactuadas, están allí en su versión más concentrada y exacta.

Ese grupo, conformado además por el baterista Joe Morello y el contrabajista Eugene Wright (un negro, lo que le hizo perder a Brubeck más de un trabajo en una época en que la integración no estaba muy bien vista), está allí en estado de gracia. Otra de las ediciones para no perder de vista es The Great Concerts, con extractos de las actuaciones en Amsterdam y en el Carnegie Hall, en 1963, y en Copenhague en 1968, y donde puede escucharse el exquisito swing que el grupo tenía en vivo, y la forma en que lograba que los ritmos y contrapuntos más intrincados sonaran con la fluidez más extrema. La obra de Desmond, no obstante, no se agota allí. Y, más allá de alguna incursión en instrumentaciones diversas –como en el excelente Skylark, editado por CTI en 1973, donde además del guitarrista Gabor Szabó y el pianista Bob James aparece una pequeña orquesta arreglada por Don Sebesky, en los iniciales quintetos de 1954 o en los históricos Blues in Time y Two of a Mind, que registró junto a Gerry Mulligan en saxo barítono– tuvo el formato casi excluyente del cuarteto con guitarra eléctrica, contrabajo y batería. Con Jim Hall grabó, en 1959, el notable First Place Again! (Percy Heath y Connie Kay, contrabajista y baterista del Modern Jazz Quartet, completaban el grupo). Y, en los 60, Desmond Blue (1961, con Georges Duvivier y Kay, además de una orquesta de cuerdas, corno y maderas), Take Ten (1963, con Kay y Eugene Chirico), Easy Living (con grabaciones realizadas ese año y el siguiente, con Kay y Gene Wright), Glad To Be Unhappy (1964, con ese mismo grupo), y Bossa Antigua (1964, también con la misma formación). Y, ya en los '70, se recorta una serie de grabaciones ejemplares con el canadiense Ed Bickert como guitarrista: Pure Desmond (1974, CTI, con Ron Carter y Connie Kay), y, con Don Thompson en contrabajo y Jerry Fuller en batería, varios registros realizados en vivo en Canadá: Like Someone in Love (Telarc, 1975), The Paul Desmond Quartet Live (Horizon, 1975), y Paul Desmond (del mismo año, en Artists House). Si algún sonido pudo parecerse alguna vez a un martini seco, allí, en esos notables ejercicios de autocontención, es posible encontrarlo.

lunes, 14 de julio de 2014

Charlie Haden (6 de agosto de 1937-11 de julio de 2014)


La noticia de la muerte de Charlie Haden no por previsible deja de ser dolorosa. Se sabía que desde hace tiempo estaba enfermo y que su salud se estaba resintiendo velozmente. Con todo, como sucede en los casos de esa gente que forma parte del elenco de nuestras vidas, cuando la evidencia de la noticia es insoslayable, golpea. Se transcribe a continuación el breve comentario publicado por Chema García Martínez en el diario El País, de Madrid, del 12 de julio pasado.

Charlie Haden, mucho más que un contrabajista de jazz

Tenía fama de neurótico, obsesivo, un tipo raro… ni siquiera se le consideraba un auténtico virtuoso de su instrumento. Y, sin embargo, el mundo del jazz estaba unánimemente rendido a sus pies: “tocar con Charlie Haden es distinto a todo”, aseguraba Pat Metheny, para quien el contrabajista era el mejor compañero de escenario con el que nadie pudiera soñar. “Charlie no es un contrabajista de jazz, es… otra cosa. No toca notas, hace filosofía”. El ilustre y filosófico pionero del free jazzfalleció el pasado viernes en su domicilio de Los Angeles, después de una “larga enfermedad”, según reza el comunicado emitido por su sello discográfico, ECM.

La trayectoria vital y artística de Charles Edward Haden (Shenandoah, Iowa, 6 de agosto de 1937) aparece unida a la de aquellos con quienes compartió escenario y/o estudio de grabación: Keith Jarrett, Carla Bley y, antes que ningún otro,Ornette Coleman. Junto con el trompetista Don Cherry y el baterista Billy Higgins, Haden formó parte del controvertido cuarteto del saxofonista que conmovió los cimientos de la escena jazzística en los primeros años sesenta: “Ornette me enseñó a no pensar en categorías ni en géneros sino en belleza y en crear algo nuevo que no existía antes”.

Finalizando la década, creó la Liberation Music Orchestra, agrupación que introdujo al jazz en los terrenos de la agitación política sobre un repertorio que combinaba las canciones de la Guerra Civil española con los himnos pacifistas y las melodías revolucionarias latinoamericanas (La Pasionaria, We shall overcome”…). Décadas más tarde, su fundador se vería “en la obligación” de retomar la iniciativa: “he vuelto con la Liberation porque seguimos viviendo en un mundo donde reina la crueldad, la avaricia y la devastación; un mundo gobernado por mentalidades cerradas, el ejemplo perfecto es Bush. Por eso, ahora más que nunca, necesitamos de la belleza”.

Su idea de un jazz descentralizado le llevó a tocar a dúo con el guitarrista de fado Carlos Paredes y con el pianista cubano Gonzalo Rubalcaba. “Me encantaría tocar con Paco de Lucía”, declaraba con ocasión de su última visita a Madrid, “pero tengo entendido que es muy difícil”. Su participación en el primer Festival de Jazz de Cascais el 20 de noviembre de 1971 junto al cuarteto de Ornette Coleman, terminó con su detención y posterior traslado a la Direcção-Geral de Segurança de la policía salazarista, después de que el contrabajista dedicara una de sus interpretaciones “a los movimientos de liberación en Angola y Mozambique”. Haden fue “invitado” a plasmar su arrepentimiento en un documento firmado, tras lo que se le expulsó del país llevando consigo la grabación de la pieza en cuestión —“Song for Che”— oculta en un bolsillo de la gabardina. Ésta vería la luz en su disco Closeness.

En el año 1989, el Festival de Jazz de Montreal dedicó al contrabajista 8 jornadas seguidas, con un programa distinto cada noche y los músicos y el repertorio a la libre elección del homenajeado (The Montreal tapes). En junio de 2007, Haden se presentó en nuestro país con la más clásica de sus formaciones, Quartet West, celebrando el 20º aniversario de su fundación: “me acababa de mudar a Los Ángeles después de 20 años viviendo en Nueva York y a mi esposa se le ocurrió que sería una buena idea crear una banda con músicos de la ciudad”. Ese mismo año viajó a Nashville para grabar un sorprendente homenaje al country & western: Rambling boy. Haden y Metheny volvieron a reunirse en 2013 para la grabación de la B.S.O. de Vivir es fácil con los ojos cerrados, la película de David Trueba que se alzó con un Goya a la mejor música original.

(Para una discografía bastante completa, consultar: http://www.jazzdisco.org/charlie-haden/discography/)